La Responsabilidad que sostiene

               Desde el enfoque fenomenológico, existencial y gestáltico desde el que trabajo, la propuesta terapéutica no está orientada a la consecución de una serie de objetivos. No usamos el espacio terapéutico como un medio para sino como un fin en sí mismo, donde descubrimos, comprendemos y reconectamos. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya una serie de indicadores o criterios que nos puedan dar una idea del lugar en el que estamos, o que haya una serie de propuestas. De entre las muchas posibles, la responsabilidad se erige como una de las cuestiones centrales.

               Para no confundirnos, es preciso distinguir la responsabilidad en un sentido moralista, basada en el cumplimiento de una serie de obligaciones dictadas por el deber y las convenciones sociales, de la responsabilidad como capacidad de respuesta que, de hecho, es su sentido etimológico (del latín, responsum, responder). Tanto el existencialismo como la Terapia Gestalt la enfocan en este segundo sentido. Perls, en Sueños y Existencia, nos dice: “En su contexto usual, la responsabilidad da la idea de obligación. (…). Pero también se puede deletrear responsabilidad como responsa-habilidad: capacidad de responder, tener pensamientos, reacciones, emociones, en determinadas situaciones”.

               Sin tener esto en cuenta, puede que la responsabilidad se sienta como un peso en los hombros, una cierta falta de aliento y descanso, y una preocupación constante por lo que “tengo que” o lo que “hay que” hacer. Las responsabilidades suelen confundirse con las obligaciones y, si bien a veces pueden coincidir, no son lo mismo. De hecho, la responsabilidad es una energía que más que drenar, nos nutre, alimenta y fortalece. Tiene mayor coherencia, integridad y menos densidad, a pesar de estar bien enraizada. De hecho, podríamos decir que tiene una frecuencia bastante elevada, razón por la cual -fantaseo- no siempre es fácil de sostener. Hace falta una buena estructura para hacerlo, no solo a nivel físico, que también, sino sobre todo psico-emocional.

               En un primer momento, el trabajo pasa por fomentar el darse cuenta, tanto de lo que hay a nuestro alrededor como de lo que nos pasa. Sin consciencia no podemos hacer nada con lo que nos pasa. Con la responsabilidad entraríamos en el siguiente paso, en el de qué hacemos con ello. Así, se está poniendo el foco en la capacidad de ofrecer respuestas frente a las diferentes situaciones en las que nos encontramos como si, de alguna manera, con cada acto, le dijéramos a la vida quiénes somos. La responsabilidad nos pone en la palestra y pregunta por aquello que, en última instancia, depende de nosotros. Ser responsable implica reconocer que somos los creadores de nuestras experiencias, no tanto por los eventos externos que enfrentamos, sino por cómo elegimos interpretarlos y responder a ellos. Aunque no podemos controlar todo lo que nos ocurre, sí somos responsables de cómo lo vivimos.

               Sartre decía que “estamos solos y sin excusas”. Yo no sé si estamos solos, pero sí que estoy de acuerdo en lo de sin excusas, ya que estamos hablando de abandonar la justificación, las posturas victimistas, de dependencia o culpabilidad. Toca asumir los errores, aprender de ellos y actuar diferente en la siguiente. Al menos, intentarlo de verdad. Toca reconocer nuestras virtudes y ponerlas al servicio en la medida de lo posible. Toca asumir la mayoría de edad y dejar de refugiarse en las heridas. Y aunque suene un tanto duro, se hace precisamente desde el amor. El amor y la responsabilidad van de la mano. Cumplir nuestra parte, hacerse cargo de ella, para poder estar de verdad. La responsabilidad implica presencia.

               Hablamos de existencialismo y Gestalt, pero ya los estoicos hablaban de esto mismo, aunque no usaran este mismo concepto. Es famosa la distinción de Epicteto entre lo que depende de nosotros y lo que no, y la necesidad de enfocarse en lo primero y dejar a un lado lo segundo. Qué depende realmente de nosotros y qué no es un tema muy amplio y que convendría indagar, pero de entrada estoy seguro que muchos ya se hacen una idea de a qué se refiere.

               De esta forma, dejamos de proyectar en el mundo nuestras frustraciones -aunque obviamente puedan tener que ver-, de culpar a la vida y/o a los demás por nuestra suerte y de manipular el entorno para que haga lo que nosotros no estamos queriendo hacer. Puede sonar cansado, pero esta es la energía que después nos permitirá crear, gozar y vivir con mayor plenitud, sin fisuras, sin fragmentación. ¿Cómo te suena?

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