La trampa de la autenticidad
La propuesta es ser auténticos. Sí. Pero ¿qué significa esto?
Desde una lectura existencial y gestáltica, no debería entenderse como si hubiera un yo más real escondido tras la máscara o el personaje.
La palabra auténtico nos remite a algo original y verdadero. Y sin embargo, cuán verdadera puede ser la vergüenza, la tristeza o la culpa, aun proviniendo de nuestra parte neurótica.
Las mal llamadas resistencias pueden ser muy auténticas en ciertos momentos. No se trata de eliminarlas, sino de comprenderlas, de ver que tienen un sentido. Quizá así la energía que contienen pueda redirigirse hacia nuevas formas, más actuales, menos limitantes y limitadas. Puede que entonces podamos dejar de creer en los relatos mentales que las sostienen.
Está bien así como eres. No tienes que ser más auténticx. Ni siquiera tienes que "ser tú mismx", como se dice hoy, porque, a fin de cuentas, ¿qué significa eso? ¿Actuar como siempre? ¿Bajo los mismos patrones? No confundamos el carácter con quiénes somos.
No tienes que ser nada. A veces es simplemente cuestión de ser. Ser.
Algo que, por otro lado, no se puede provocar. Sucede. Cuando tomamos cierta distancia, en un sano olvido de sí que, paradójicamente, nos hace ser más nosotros mismos. Somos más nosotros cuando no somos nosotros quienes actuamos.
Ser tan solo un faro de consciencia en el mundo. Presencia. Espontaneidad. Confiando en ese vacío que tanto tememos y del que irán brotando recursos, habilidades y cualidades particulares que se expresan a través de nosotros.
¿Es auténtico lo que escribo? ¿Esto que escribo lo hago yo o la IA? ¿Cómo lo sabes?¿Cómo reconocemos lo auténtico? Porque se percibe. Porque todos guardamos el recuerdo de lo verdadero.
Parafraseando a Platón, a veces es solo cuestión de recordar.
Y, entre otras cosas, yo me recuerdo a diario, en mi labor de terapeuta, que no tengo que imponerle ni introyectarle a nadie que "tiene que ser más auténticx", "mostrarse más" o "expresar sus emociones".
Vamos a echar una mirada amorosa a lo que nos hace sufrir. Y después, vemos.